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lunes, 19 de diciembre de 2011 1 comentarios

The Roques: A Paradise in the Caribbean Sea

     As I went out home today, an icy blast of wind hit my face.
     Yes, I know; it's time for cold days, for staying at home, on the coach with a blanket, watching a movie. And I am delighted with it... But Idon't know why, suddenly, I remembered my trip to Los Roques (Venezuela) Those beaches with white sand, bathed by waters that have the full range of Pantone blues... Unfortunately, in Spain, there´s no such sea waters. I found the more similar in Formentera but unlike Los Roques, where my view was lost in the immensity of the great blue, in Ibiza and Formentera it was lost in countless yatchs, boats, barges and small boats... No, it's not the same. But despite of this, yet these Mediterranean waters remain one of my favourite paradises. A place where I love to get lost... because it's there where I find the most desired peace and quietness. I don´t know why but maybe it's the sea or it's because Ibiza Island is reign by Scorpio like me... But this is another story and today I want to talk about my day at Los Roques.

     I arrived to Los Roques by plane from Maiquetía(Caracas) I call it "plane" because this aircraft flew but, honestly, I was too tired and too sleepy to be scared. If not, i'd have been frightened, very frightened... I left this feeling to my friend Vivi, who remained awake. Imagine a plane for about 15 people; inside, without any luxury or arrangement, almost shabby, I'd say; and the captain turned his head to welcome us and wish us "bon voyage" At the very beginning of the trip I did what I do the best: fall asleep... and thank godness I did, because a few minutes off, the turmoil began.  Luckily I didn´t wake up till we approached to Los Roques archipelago. And what an awesome views received me!!

     The concern turn back on me when I saw the little track on which the plane had to land... Would we get it or  would we end up landing in the sea? As you can imagine the captain did it without any problem. It was obvious he did that flight a few times a week.
     It was about 8 am and it looked like it was noon. What a brightness!! Meanwhile we were waiting for our boat, we wandered a bit  through the deserted arena streets of the village. Actually, the village has 4 streets: Marao, Tortuga, Cojinúa and Chucho, where the different inns, some little souvenir shops and the houses of the inhabitants of the island are located. Los Roques archipelago is a National Park and, luckily, it is not allowed to erect any building. You can imagine how beautiful these low-rise buildings look, painted in striking colors, illuminated by a bright sun...



      Once we embarked on our boat, it took us to Madrisqui, where I enjoyed watching the different sea blues and how pelicans "fish" their food. I also tried to decipher such an original name. Many of these island names come from the Dutch and British cartography, "translated" into Venezuelan. So, Nordisqui comes from North East Key or Lanqui, from Landky and it's also clear that Mosquitoqui was full of mosquitoes long time ago. But what about Madrisqui? Madrid Key? And one more thing I couldn´t undestand was a Venezuelan couple who spent the whole day playing with their Balckberries, without speaking to each other. Such beauty around them and they didn´t care!!
     Finally, after eating something, we took a walk around the sea shore and we reached one end where crossing over the coral reef, we arrived to another small island. There was a little fishing village, where our "player"couple had bought the biggest lobster I've ever seen.  These houses had nothing to do with those from the Gran Roque; rather, they were wooden huts, relentlessly bitten by the sun; but they had their own charm, actually.

     After spending a little time with the fisher men, we returned to pick up our boat.  It took us to different keys and little islands, as Bajo Fermín and Bajo Fabián, until we finally returned to Gran Roque to wait for our aircraft to Caracas. The whole day I was enjoying the warm, dyed blue, water, and the tranquility  that surrounded us everywhere.

     If you ever have the chance to travel to Venezuela, don't forget to visit Los Roques. A virgin place, where you are surrounded  by pelicans and gulls everywhere; and where the maximum distraction is enjoying the sea views and good company, if you don´t like very much diving as I do.







    PS: I want to thank Vivi and her family for giving me the chance to travel to this beautiful place.
viernes, 16 de diciembre de 2011 10 comentarios

Los Roques: Un Paraíso En Medio Del Caribe

     Hoy he salido a la calle y casi me lleva una ráfaga helada de viento. 
     Sí, lo sé; es la época de pasar frío, de quedarse en casa, en el sofá y  con la mantita mientras se ve una peli. Y estoy encantada con ello. Pero no sé por qué, de repente, me ha venido a la cabeza mi viaje a Los Roques (Venezuela) Esas playas de arena blanca, bañadas por aguas que poseen todos los azules del Pantone... Por desgracia, en España, no hay aguas como esas. Las más parecidas las encontré en Formentera pero a diferencia de Los Roques donde mi vista se perdía en la inmensidad del gran azul, en Ibiza y Formentera se me perdía en una infinidad de yates, lanchas, barcas y barquitas... No, no es lo mismo. Pero aún así estas aguas mediterráneas siguen siendo uno de mis paraísos favoritos. Un lugar donde me gusta perderme... porque es allí donde encuentro la paz y la tranquilidad tan ansiadas. No sé si será por el mar o porque la isla de Ibiza está regida por  Escorpio como yo... Pero, bueno, esto es otra historia y aquí estoy para hablar de mi día en Los Roques.

     A Los Roques llegué en un vuelo desde Maiquetía (Caracas) Lo llamo "vuelo" porque el aparato volaba pero si he de ser sincera, tenía demasiado sueño como para sentir miedo. Si no hubiese sido por eso, hubiese sentido miedo, mucho miedo. Eso se lo dejé para mi compi de viaje, Vivi. Imaginaos que era un vuelo como para unas 15 personas; el interior sin ningún tipo de lujo ni arreglo, casi desvencijado, diría yo; y el capitán giraba la cabeza para darnos la bienvenida y desearnos buen viaje. Nada más comenzar el vuelo hice lo que mejor se me da: dormirme; y menos mal que lo hice porque a los pocos minutos comenzaron las turbulencias... Por suerte, no desperté hasta estar aproximándonos al archipiélago de Los Roques y ¡vaya vistas me recibieron! 
     La preocupación volvió a mi cuando vi la escasa pista donde tenía que aterrizar el avión... ¿no nos saldríamos de pista y acabaríamos amenizando? Como podéis imaginar, el capitán lo hizo sin ningún tipo de problema. Estaba claro que ese vuelo lo hacía unas cuantas veces a la semana. 
     Eran las ocho de la mañana aproximadamente y parecía que ya era mediodía ¡Qué claridad! Y mientras esperábamos la hora en que nuestra lancha nos recogiese, paseamos un poco por las desiertas calles de arena del pueblo. En realidad el pueblo está formado por cuatro calles: Maráo, Tortuga, Cojinúa y Chucho, donde se sitúan distintas posadas, alguna pequeña tienda y las casas de los habitantes de la isla. El archipiélago de Los Roques está considerado Parque Nacional y, por suerte, no se permite construir. No podéis imaginar la belleza de estos edificios bajos, pintados en colores llamativos, iluminados por un sol claro sin igual.





     Una vez que nuestra lancha nos recogió nos llevó a pasar el día a Cayo Madrisquí, donde disfruté sobremanera viendo los distintos azules del mar y viendo cómo los pelícanos se dedicaban a pescar su comida. También intenté descifrar ese nombre tan especial. Muchos de los nombres de las islas proceden de la cartografía holandesa e inglesa, "traducido" al venezolano. Así, el cayo Nordisquí procede del North East Key (Cayo Noroeste) o el Cayo Lanquí del Landky (Cayo Largo) y está claro que Mosquitoquí debía de estar plagado de mosquitos en sus mejores tiempos. Pero ¿y Madrisquí? ¿Madrid Key (Cayo Madrid)? Y lo que tampoco llegué  nunca a comprender fue a la pareja de venezolanos que teníamos como compañeros de viaje que se pasaron todo el día jugando al Come-Cocos, cada uno en su Blackberry, sin apenas dirigirse la palabra. 
     Finalmente, tras comer algo, nos dedicamos a dar un paseo por la isla y llegamos a la otra punta donde cruzando por encima de una barrera coralina llegamos a otra islita donde había un pequeño pueblo de pescadores y donde nuestra pareja amiga había comprado la langosta más grande que yo jamás haya visto. Por supuesto, estas casitas nada tenían que ver con las casas de Gran Roque; más bien eran chozas de madera, golpeadas incansablemente por el sol, pero verdaderamente tenían su encanto.


     Después de pasar un rato con unos pescadores, volvimos a coger la lancha y esta vez nos llevaron a recorrer distintos cayos, como Bajo Fermín y Bajo Fabián, hasta que, finalmente, volvimos a Gran Roque a esperar nuestro avión de vuelta a Caracas. Y durante este tiempo yo no hice más que disfrutar de sus aguas cálidas, teñidas de azul, y de la tranquilidad que nos rodeaba por todas partes.

     Si alguna vez tenéis la oportunidad de viajar a Venezuela, no os olvidéis de pasar por Los Roques. Un lugar virgen, donde estás rodeado de pelícanos y gaviotas por doquier, y donde tu máxima distracción  es disfrutar de las vistas del mar y de una buena conversación, si, como a mi, el buceo te produce un poco de agobio.







PD: Quiero agradecer desde aquí a Vivi y a su familia por haberme permitido conocer tan bonito lugar y por haberme abierto las puertas de su casa en Valencia (Venezuela)
 
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