viernes, 11 de enero de 2013

María Callas, La Divina

     Cuando se habla de opera, uno de los primeros nombres que se vienen a la cabeza es el de María Callas. Y si piensas en la Callas, acto seguido piensas en Aristóteles Onassis... y en su vida llena de lujos y de tristeza.



     Pero la vida de la Callas no comenzó con el naviero griego. María Callas, estadounidense, era hija de inmigrantes griegos. Su verdadero apellido era Kalogeropoulos pero éste era muy poco comercial y decidió cambiárselo por Callas. Mucho más fácil de pronunciar, mucho más fácil de recordar.
      En Italia,  conoció al que iba a ser su marido, Giovanni Battista Meneghini, un acaudalado constructor, 30 años mayor que ella. Él guiaría su carrera durante 10 años, hasta que ella conoció al naviero griego y dejó a un lado su carrera como cantante para dedicarse a él. Pero esto es otra historia...
     En su debut italiano con La Gioconda, en 1947, conquistó tanto al público como a la crítica, y comenzó su rivalidad con Renata Tebaldi. Ella estaba convencida que la tiara que lucía en la actuacion le había traído suerte y no paró hasta saber quién era el autor de esa joya: el milanés Ennio Marino Marangoni. Desde ese momento, la casa Marangoni creó unas 600 alhajas para cada una de las puestas en escena de la gran diva. Ella solía intervenir en el diseño y creación de las mismas, pues creía firmemente que las joyas enaltecían sus personajes y actuaban como auténticos talismanes.




     Fundado en 1940, el Atelier Marangoni pronto se hizo popular durante el periodo de posguerra por sus exquisitas creaciones para el teatro y la gran pantalla. Todos ellas  realizadas con  los cristales y perlas falsas más refinados, suministrados por Swarovski. Y, así, en 1999, el Atelier Marangoni pasó a formar parte del Grupo Swarovski. No sólo creo joyas para la Callas, sino también para artistas como Plácido Domingo, Rudolf Nureyev, Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Giulietta Masina, Elton John, Carla Fracci o la mismísima Madonna.
     Pero volvamos a la Callas y a las joyas que lució sobre el escenario.

Anna Bolena

Fedora
La Traviata

Tosca

Turandot
     Su esposo, cada vez que ella incorporaba un nuevo papel a su repertorio, le obsequiaba con una joya auténtica, casi siempre de Van Cleef & Arpels. Así para La Traviata, Meneghini la obsequió con un enorme anillo de esmeraldas. Pero fue Lucchino Visconti, que la dirigió en la Scala de Milán en 1955, quien la persuadió  para que no  mezclara joyas auténticas  y bisutería con el fin de mantener la fidelidad a la época en que transcurría la escena, por una cuestión de rigurosa ambientación. Él insistió en utilizar joyas genuinas de ese periodo o alcanzar una reproducción usando las técnicas de manufactura del momento. 


     En 1959, la Callas dejó a su marido por Aristóteles Onassis, otro asiduo de la firma francesa. Incluso la soprano llegó a comentar en una ocasión: "Todo lo que Ari sobre las mujeres lo aprendió de un catálogo de Van Cleef"
     La  soprano se retiró durante el tiempo que duró su relación con Onassis y comenzó una ajetreada y excesiva vida social que dañó su voz. Onassis nunca le pidió en matrimonio y, de hecho, éste, en 1968, abandonó repentinamente a la Callas para casarse con Jacquelin Kennedy. Callas, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el mal trance por el abandono de Onassis y jamás se lo perdonó a pesar de que él, más tarde la buscaría repetidas veces cuando su matrimonio con la viuda estadounidense se había convertido en un martirio. Pero esto ya es otra historia...

La Callas, Meneghini y Onassis
     La ruptura de Callas y Meneghini fue la comidilla de la prensa internacional. Ella jamás le devolvió ninguna de esas valiosas joyas que él le regaló y él pasó el resto de su vida retirado en una villa de Verona. Pero lo cierto es que, tras la muerte de la diva, en 1977, el mundo descubrió que nunca se habían divorciado legalmente. Meneghini heredó la mitad de sus bienes. La pieza más deslumbrante de “La Divina” era un anillo con un diamante en forma de marquesa de casi 12 quilates. Obviamente, un regalo que le hizo Meneghini en la década de 1950, los años dorados de la carrera de Callas.


Broche Flor Van Cleef & Arpels

María Callas y Grace Kelly

María Callas y Marilyn Monroe
   
     Las joyas eran su debilidad y los diseños que para ella creó Van Cleef & Arpels tuvieron siempre un lugar asegurado en la crónica social de la época. En la foto inferior luce un collar de rubíes y brillantes, juego de pulsera y aros. Además, lleva en la mano un poderoso brillante estimado en 185.000 dólares, diseño de Van Cleef & Arpels.



     La Divina murió sola en su apartamento de París. Todo el mundo comenta que lo que la mató fue la tristeza por un amor mal correspondido...







     

2 comentarios:

Mariano Waspy dijo...

Hola Gloria. Me encanta Maria Callas, me pone los pelos de punta. Fué la Diva. Lo de las joyas por supuesto que lo desconocía, pero como siempre, me ha encantado esta entrada.
En cuanto al cambio de look, me parece genial, me gusta mucho. Ya era hora de darle un toque, de hacerlo más personal. Y el dibujito de la muchacha muy actual.
Un saludo y gracias por la lección profe
Un abrazo

Gloria Tamayo dijo...

Muchas gracias, Mariano, pero de profe, nada. Aquí ando todos los días aprendiendo nuevas cosas y, de hecho, las entradas que preparo siempre me conducen a algo nuevo porque, al igual que tú, desconocía por completo la relación de la Callas con Swarovski. Conocía su faceta musical, su relación tormentosa con Onassis, su muerte en soledad... pero siempre se puede aprender algo más.La cuestión es tener curiosidad e investigar ;)

Del mismo modo, el mundo de la informática no es lo mío pero hago lo que puedo...jajaja...

Abrazos y ¡¡hasta pronto!!

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